LA MUERTE: ¿TRIUNFO DE LA MUERTE?

 

La muerte ha sido caracterizada como el enigma más grande del que el hombre no tiene respuesta, en parte, gracias a que no puede tener experiencia pos-muerte de la misma, es decir, no hay dato. Sabe que todo ser viviente padece de ella; sabe que en cualquier momento puede llegar; sabe que ella marca el fin de la existencia como tal en este mundo llamado tierra; sabe que de ella no se puede librar, pues pendencieramente en su naturaleza: nace, crece, se reproduce –en algunos casos –, y muere. Pero ¿Qué es eso de muere? ¿Qué encierra la muerte para que no se pueda saber el pos-muerte? ¿Se podrá evitar la muerte? ¿Habrá algo después y tras ella? Miles de interrogantes han de surgir y de evitarse, porque se cae es, en meras conjeturas especulativas y laxas, que no tienen sino mero vínculo con la imaginación.

 

Ahora bien, si el preámbulo debe ser un análisis de la muerte como tal ¿Por qué no hacerlo desde su adversaria, la vida? Lo que se propone en cierta medida es posible, gracias a que de la vida se puede conjeturar más que de la muerte, y por ejemplo: cuando no sabemos la entidad de un algo, nos paramos en el algo que conocemos que se contrapone al primer algo y que puede decir al menos lo que no es. Es decir, que vamos a indicar lo que la muerte no es, en la certeza de lo que es la vida.

 

En primer lugar hay, que enunciar que la vida encierra premisas de movimiento, lo que permite identificar que es una vida bajo el parámetro de la acción, del verbo. La primera conjetura parece obvia, pues todos en la muerte se dan cuenta de que el cuerpo pierde todo movimiento, permaneciendo inmóvil, además de frío y obsoleto. Bueno, entenderla así está bien, pero complementarlo de la siguiente forma ayudará a que no sea lo que a simple vista parece; porque el hecho de que haya un lenguaje verbal o no verbal que se pueda capturar –así la persona no tenga sus cinco sentidos, o en el caso de los animales o las plantas –, hace pensar que de verdad se está, entonces al pronunciar que la muerte no tiene movimiento se habla de que ya no se está.

 

En segundo lugar, la vida presenta obstáculos, eso hace pensar que  la muerte no. La vida se llena de sabores y sinsabores que le crean un pellizcarse continuo. Mientras que la muerte por no ser precisa ni anunciada no presenta el sinsabor –el sinsabor permite que hay un sabor distinto al sabor, pero que no se elimine por completo la categoría de sabor –, pues hasta ese lo elimina. Así se supera el obstáculo, es decir, que en la muerte se pierde todo obstáculo, toda base tangible.

 

Un tercero, La vida es un descontento de pruebas efímeras provechosas y efímeras impropias, la muerte ya no tiene pruebas. La muerte rompe de raíz con todo, con la dicha y la alegría, con la vanidad y la envidia –nadie envidia morir –, con el soplo de amor y de ilusión, con la pena y el llanto, con el desamor y el engaño… con lo que ves y lo que no ves… la muerte no respeta ya un orden en el mundo.

 

Sin embargo, la muerte es el miedo más grade que existe, no hay hombre que no le tema; no hay hombre que no se haya puesto a pensar en ella; no hay hombre que alguna vez frente a las dificultades hubiera preferido haber estado muerto; no hay hombre que no haya pensado en cómo le gustaría morir; no hay hombre que no haya pensado en cómo será su muerte. Todos bajo la mirada del esqueleto con fea calavera, que entre su mejor ajuar tiene una túnica negra que acompaña sutilmente con una filosa y cortante hoz, y que el día que aparece es porque llego la hora final, y de la que no se puede escapar, produce un pánico y un horror terrible que de entrada a la palabra muerte se prefiere cambiar de  tema o da miedo el sólo hecho de oírla pronunciar.

Sé sabe del miedo feroz, que es lo más antónimo de la vida, ahora ¿Cómo superar la muerte? o mejor la pregunta ¿Cómo superar la muerte en vida? ¿Cómo triunfar sobre lo que parece inevitable, cómo triunfar sobre la muerte? Si la muerte es todo lo contrario a la vida, y de la vida no se puede enunciar cosas buenas, porque como hay cosas buenas, también está atravesada por cosas malas, por cosas oscuras, entonces la muerte es la mejor solución. Y decir que la muerte es la mejor solución, que se espera que llegue y que se habla de ella como una amiga, como un remedio, como no una trampa, sino más bien una apuesta se está alzando los brazos en sinónimo de victoria sobre la muerte. Pero es bueno esbozar aún más esa idea.

 

Tal vez el ideal de todo hombre es tener una vida, y una vida en paz y tranquilidad, sostenida bajo el incontrolable placer de satisfacer sus más y puros instintos o buena parte de las necesidades que simplemente le sean de satisfacción, pero que le permiten ser feliz. Pero muchas veces el hombre frente al satisfacer encuentra que no puede en el cien por ciento darse a esa tarea y que su incontrolable necesidad le hace anhelar cosas que en el papel son imposibles de alcanzar. Porque por ejemplo: quiere que una persona esté para siempre con él, empero, la muerte se la arranca de sí, como quien afirma hay cosas que son al hombre y hay otras que se escapan del hombre, esas cosas que se escapan de él son las que cortan con su vida y prefieren la muerte.

 

Tal vez una pequeña historia ayude más a debilitar o superar la idea de una entrada triunfal sobre la muerte. Juan hombre digno ante la sociedad y de gran prestigio, exitoso en todo lo que emprende menos en la empresa del amor. Toda su vida ha amado a Flor en el silencio sin nunca ser capaz de descubrirle su amor. Aún a sabiendas de que flor es una prostituta y quedaría facilísimo expresarle lo que siente por ella, y al parecer lógicamente, el paso que hay de ser una  prostituta a una mujer reconocida por la sociedad es uno de los mayores regalos que puede darle Juan a Flor. Un día se decide, escribe los versos de mejor metraje, tan perfectos que cualquiera que lo lee puede decirse que quedaría bajo el efecto de las flechas de Cupido. Decide una fecha y un encuentro, se acerca, le lee lo que le ha escrito y ella escucha atentamente. Termina de leer. Un abismo de silencio se interpone entre el lector y quien escucha. Ella cortantemente contesta No. Se va. Juan no entiende. Juan toma una copa. Juan escribe miles de versos. Juan lleva cinco años tomando ya no una, sino miles de copas. Juan ha escrito más de quinientos mil versos sin repetir letra. Juan lleva diez años, ya no tomo unas copas, sino producciones completas de alcohol. Juan ya ha escrito dos millones de versos sin repetir letra. Juan escribe uno último: ahora si estoy preparado para la muerte.

 

Triunfar sobre la muerte no es otra cosa que hacerse consciente de la vida y de la muerte al mismo tiempo, es no separar que la muerte, aún inmóvil, puede estar más móvil en la vida misma. La muerte bajo esa palabra “muerte” no es sino otra cosa que darle un golpe a la toma de la luz, donde se apaga lo que se ve cómo luminoso. Lo que se quiere decir es que muerte y vida son lo mismo. No son dos cuerpos separados. “Ahora si estoy preparado para la muerte” es afirmar: ya entendí que son la misma cosa y que puedo estar muerto en vida y que en la muerte puedo estar vivo; es afirmar que no hay ya recoveco que no entienda y que al igual que se busca la toma para apagarla e irse a la cama, ya es hora de que la vida se vaya a la cama y que sea feliz. Pues apagarla es cortar, y cortar es militar por senderos promiscuos de luz. Triunfar no es sino saber a que sabe la vida, a que sabe la empresa del alcohol, sobre la empresa de la vanidad, que es vida.



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