HERNAN FERNEY RODRIGUEZ G.
Universĭtas κάθαρσις
(Catarsis Universitaria)
¿Será posible que asistamos al fin del ente universitario para que vuelva la madre a parir la verdadera universidad? Falso o no, siempre se tendrá que estar evaluando los procesos y los procedimientos que acaecen al interior de dichas instituciones; un ciego no puede guiar a otro ciego. No hay que hacer marchas y protestas donde se vean afectados los seres humanos, simplemente se debe coger un bolígrafo y papel de modo que se replantee todo el sistema. En este texto se identificará por envolver a la universidad en un paquete que permita la purga total o la conocida catarsis. Tal efecto catártico sólo puede hacerse desde un ente humano, profético y social.
Isla expone: la universidad debe empezar por abrir la puerta que conduce al mundo de las verdades y no de las falsedades. Si esto no está a la base podría creerse que la universidad está ciega, está esclavizada bajo sombras que no permiten un direccional para el potencial, sino que simplemente hacen que se extinga entre un absurdo. Las expresiones aunque son un poco frías, contienen todo el mal uso de la palabra universidad como institución del conocimiento, como votos (semejante a los votos religiosos) a la verdad, donde se intenta ser fiel, como la madre es fiel al hijo y siempre estará con él en las buenas y en las malas.
Es preponderante entender que entre la universidad y el alumnado, que participa de ella, se forma un lazo de ternura. Cuando se habla de dicha ternura tenemos que emparentarla, en está ocasión, con el respeto que surge por ser críticos, por la interacción bajo parámetros de creación de conocimiento y no el mero repetir de loros que muchas veces acontece en el plan educativo. Isla advierte: la universidad debe cultivar con pasión el amor y el placer de saber y debe generar verdad que se convierta en vida y libertad.
La vida y la libertad son opciones por la que los individuos apuestan. No es de negar y renegar que el plantel universitario se vuelve centro de acopio para diversidad de actores que perjudican los avances, los métodos. Es claro que todos no trabajan y surcan al mismo ritmo, que todos no ponen su voz de protesta, un no apostarle a la vida. Por tanto, hay que insuflar vida en estos actores para que se cree con la vida una opción por la libertad. Demostrar mediante la imagen a la que se refiere Isla: las sombras son sombras y que hay que recorrer el camino hacia la luz. Primero apostándole a la vida y luego filtrando el concepto de libertad en esa vida. Está libertad es una facultad que se desarrolla con el hombre mismo y por tanto, es una tarea que no está hecha cuando se nace, sino que se va logrando a lo largo de la vida, por otra parte ser libre no significa estar condicionado, pues sabemos que las motivaciones (pulsiones impulsos o motivos), aunque no determinan, los actos libres, lo cual seria contradictorio, sin embargo, ciertamente los condicionan. Lo importante es comenzar a sentar cabeza en busca de la libertad.
Para demostrar que la universidad está por la vía del cambio y que quiere insoslayablemente dar un giro de peripecia, tiene que generar, vida, libertad y argumentos. Está última parte de los argumentos permite evidenciar los avances y logros que van surgiendo al interior de la academia, ya que refieren a la búsqueda inédita de pensamientos que sobrepasan cualquier dominación de “entidades” que quieran corromper la interpretación de la verdad. Es algo evidente como refiere Isla: los mismos grupos de poder construyen las instituciones, sociales, políticas, financieras para custodiar sus inmensos intereses: medios de comunicación, partidos políticos, legislación, consorcios industriales y comerciales en el ámbito nacional e internacional. Es decir, que todo el poder se centra en ellos. ¿Cuál sería una solución viable para combatirlos? No habría una mejor que con argumentos. Por eso la universidad debe propiciar en sus alumnos la insaciable e imperturbable búsqueda de argumentos que puedan derrumbar y desbaratar estructuras tan individualmente concebidas.
Hablar con argumentos “o con los pantalones bien puestos” permite que no haya una sub-valoración del trabajador. Hace que no se le incite a que produzca más y en recompensa reciba un salario menor. Los argumentos abren la puerta al respeto de los derechos del trabajador, pues por el simple hecho de ser humano está ligado a un serie de derechos en todos los ámbitos y sentidos, sea laboral, social u otros. Pero lo inevitable es que no se puede seguir como un “parasito” (siempre está como inerte sin importarle lo que acontece a su alrededor, produce su propio daño estando estático sin hacer nada) frente a la sublevación que tienen los menos favorecidos por la sociedad de los muy bien recompensados por la misma. Isla dice: de los ignorantes e incondicionales por necesitados, de la mano de obra barata que pueda competir con la más barata del mundo para atraer las inversiones que buscan las utilidades sin límites. Es una clara visión la que presenta Isla pues se ha vuelto por falta de argumentos una competencia entre mano de obra barata, sirviendo sólo de vitrina para que los inversionistas ganen más, pagando menos.
La universidad debe proponer cambio, debe obtener todos estos factores (argumentos) para crear individuos que gracias a la catarsis experimenten estás dolencias y le apuesten a cambiarlas y con ello pueda comenzar una práctica de justicia institucional, de justicia distributiva y de justicia comunitaria. Está justicia incita al compromiso serio y fundado, para abordar los argumentos a favor del bien común, con contundentes demostraciones de sentido, de intuición, de la argumentación inductiva y deductiva, desde las primeras premisas hasta las más grandes conclusiones. Estas perspectivas de justicia forman en la universidad hábitos de manejo según la razón y justicia para todos y donde le compete a todos.
La justicia como en primera línea de argumentación debe apuntar a un servicio social que permite la praxis en la realidad nacional. Admitir que hay diversas trabas, es por ende, ser consciente de la problemática para la cual la universidad forma; de la cual la universidad sale a relucir con profesionales que entienden que la vocación es un servicio. Servir hace parte fundamental del llamado a corregir por medio del accionar propio los diferentes estados de desolación en que se puede caer por parte de un falto de argumentos, por la poca identidad como pueblo. Identidad falsa, pues si estuviera en su auge no permitiría la desigualdad y la desventura para muchos. Servir significa ir en contra de la explotación, de suplir necesidades a aquellos que no las poseen, de matar la dominación y de reírle a la muerte. A la universidad compete empeñarse con todo su accionar en la igualdad de todos, en formar profesionales con una ética excelente, que como primera regla de vida intenten apostársela por la humanización y la dignidad propia de cada ser que se sitúa en la sociedad.
Para que la universidad sea un factor de solución debe ser consciente que no debe entrar en el “regateo universitario”. Entrar en el juego de vender los valores es denigrar la institución, es apostarle a la muerte y a no romper los sistemas, es decir, no me importa lo que le pase a mi entorno, pues es aferrarse a un ente económico donde no se imparte un uso determinado de la razón para crear en pos de la sabiduría, sino por el contrario, crear en pos de un lucro inmediato. La universidad no nace como una empresa. Nace pues, como una entidad sin animo de lucro, porque su misión y visión se muestra es en virtud de formar personas criticas y éticas que permitan mejores campos de acción donde se integre a todos aquellos que son puestos a nuestro lado como acompañantes en el camino de aprehender la verdad. El camino de amar la verdad es construido a través de un parámetro fundamental: nunca pero nunca demigrar al otro, sino comprenderlo y aprender de él. Un ejemplo claro es que muchos profesionales van atrabajar a centros psiquiátricos y por regla y altruismo nunca juzgan. Toman en sus brazos a las personas allí internas y antes que utilizar medicinas le dopan con amor.
La universidad es autónoma para impartir amor. Todos los caracteres que estén al servicio de la universidad no pueden relegar a un segundo plano el amor entre los individuos, pues es más ameno para el alumnado que un profesor salude, que comparta toda su experiencia, a que llene el tablero de palabras que no inciten a trabajar en unos años por otros con amor y experiencia. Más que esa teoría al otro lado de un titulo se expondrá la praxis y debe ser fundamental que en ella se evidencia el amor con que un día se le enseño.
La universidad no se propone crear profesionales con argumentos para que luego de unos años, estos se crean megalómanos. La universidad antes de buscar crear gente, busca formar personas. La persona es aquella que tiene compromiso, que se plantea metas y que deja a un lado la muchedumbre para captar como se mueve la masa e interrumpir ese caminar cuando sienta que se está errando.
Finalmente, la universidad está puesta sin condiciones en un mundo donde es actor positivo y vital. No se puede desligar de su entorno y realidad porque si lo hiciera no entraría argumentando y en pos de la libertad, lo que estaría haciendo, es dejar que la corriente siga su rumbo sin nunca desviarse entrando en el mar de la oscuridad, de la profunda ignorancia.
texto citados:
etica y universidad: Carlos de la Isla
universidad sin condición:Jacques Derrida
el hombre un enigama: Jaime veléz Correa

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