HERNAN FERNEY RODRIGUEZ G.
“El hombre no se acuerda del pasado, siempre lo reconstruye. El hombre aislado es una abstracción. La realidad es el hombre en grupo. Y el hombre no conserva en su pasado de la misma forma en que los hielos del norte conservan congelados los mamuts milenarios. Arranca del presente y a través de él, siempre conoce e interpreta el pasado”
Lucien Febvre, en “examen de conciencia de una historia y de un historiador”, en combates por la historia.
Simplemente, el hombre no puede acallar lo sucedido en el tiempo, pues ese tiempo acaecido es el que le permite poder entender su presente. Y Marc Bloch presta bastante atención a ello al mencionar: “para explicar la tarde bastaría a lo mucho explicar la mañana”. Con referencia a Michelet que decía a su vez “quien quiera atenerse al presente, a lo actual, no comprenderá lo actual2 (p. 67). Es como si el hombre no pudiera olvidar y alejarse completamente de sus antepasados, más aún de su tradición. Porque aunque las costumbres cambien con el devenir del tiempo, el léxico no cambia. Y por medio de él se puede acceder a un significado más amplio, que permite aventurarme a descifrar lo que acontece en mi pasado más cercano, el presente.
Podría entenderse lo anterior como una batalla entre el hombre con sus antepasados. Pero no es así, más que una batalla es una interpretación detallada de hechos, por medio, de un método científico que me permite abordar con verosimilitud el acontecer de los hombres en el tiempo como refería Bloch (p. 55). A su vez agregaba Febvre todo encaminado a buscar con ello un espíritu de libre critica y de la más pura iniciativa en todos los sentidos, para la fiel exploración de los acontecimientos acaecidos al hombre en grupo, y así la legibilidad de los hombres anteriores a mi presente (p. 39). Tal método no se abstiene de enunciar un manuscrito de reglas para una clara interpretación y no manipulación de datos encontrados. Porque la historia no es un simple relato vano, sino como advierte Febvre es un estudio científicamente elaborado de variedad de actividades y creaciones de los hombres de otros tiempos, internas en una marco que permite la comparación, y que a la par han labrado el seguir de la historia (p. 40). Por tanto no habría batalla sino un anhelo que siempre ha existido en el hombre por buscar las causas y los orígenes. Un vivo ejemplo de ello fue lo acontecido a Edipo cuando quería encontrar sus orígenes aunque muchas veces estos resulten funestos y no agradables. Pues la historia no busca construir un cuento, sino ser herramienta, que permite acercarse al hombre a entender su presente, por medio de pistas (texto, relatos, poemas, fotografías, imágenes…), dejadas mediante la interacción de otros en el pasado. Pues Febvre afirma que el objeto de los estudios no es un fragmento real, uno de los aspectos aislados de la actividad humana, sino el hombre mismo, considerado el seno de los grupos de que es miembro (p. 41).
Inevitablemente, el hombre a nivel del transcurrir en la historia como parte imborrable de la sociedad y como núcleo de la misma, tiene la gran responsabilidad de comprender su momento y de comprender los ya pasados con las herramientas que le son puestas a su mano (tecnología, grupos de investigación). El hombre debe instaurarse en la historia viviendo su momento, no anhelante de otros, sino interprete de los mismos para entender los problemas vivos que le plantee a su historia por más humildes que sean. Pues el hombre como tarea tiene; ser un historiador que muestre la luz con el encadenamiento de hechos, que a su vez, poseen todo un significado que le afecta a su grupo y a él. La historia no estudia al hombre es su individualidad, pues de ello se encarga la filosofía. La historia estudia al hombre social, la sociedad entendida como la primera fuente para la construcción de la historia. Como comenta Bloch: la historia no es la acumulación de los acontecimientos que ocurrieron en el pasado. Es la ciencia de las sociedades humanas (p. 56). Por tanto, no hay cabida para el hombre en solitario, sino que existe el llamado innato a vivir en sociedad y de lo que no se puede alienar.
Cuando el hombre quiere escudriñar su pasado no de be optar por contar lo que paso, pues aprehender el pasado supera toda expresión y manifestación fabulesca de la realidad Por encima de ello tiene que interpretar los problemas acontecidos, sin juicio de valor, al igual que lo hace el historiador. Obviamente, no encontrará por arte de magia fuentes; es todo un trabajo de investigación, de búsqueda de datos, de hipótesis, siempre bajo la fundamentación de nuevos sentidos que permitan establecer la más fiel relación con su presente. Como en una acotación expone Febvre “ahí donde resulta imposible el calcular se expone el sugerir” (p. 57), pero eso no quiere decir que hasta donde me sea posible, trataré de ir a las fuentes más fieles. Las fuentes no son solamente textos, también, es el compendio de imágenes, momentos, poemas…fotografías. Todas encaminadas a formar parte de pruebas que me llevan a un dato más exacto y no una vaga exploración.
No hay mejor interpretación histórica que la que pueden dar los hombres de su mismo tiempo. Puesto que el hombre puede hablar también de la experiencia que vive con otros hombres. No se puede hablar que la historia depende sólo de un hombre, pues cada cabildo, agrupación, pueblo, estado, país, nación, continente, mundo, por la interacción que efectúan tienen derecho y son libres de poseer una historia. Dejado de lado el monopolio de occidente al pensar que ellos son los únicos que pueden tener historia. De modo, que todos los individuos deben reclamar su herencia histórica.
El hombre no se acuerda de su pasado, tiene amor al saber y por ello busca la forma de darle sentido al presente entendiendo su pasado. Pero sabe y es consciente que para entender y darle sentido a lo que vive, no es ajeno a toda una sociedad que vira para diferentes lados. Estos lados le imponen un este, oeste, norte y sur, parámetros inteligibles que permiten una identidad, una costumbre, unas ideologías, un dios, un léxico y sobre todo experiencia con los demás hombres. Por ello siempre primará el grupo, el contacto con el otro, la interacción, la sexualidad, el percibir la dignidad humana del que me rodea. Claro está, que muchos datos no son conservados, edificando así una ardua labor de busca y un sentido que se siente lejano, pero ante la pasión de conocimiento, de interpretación, el hombre no se puede detener, emprende el camino del saber y por medio de la observación detallada, el análisis de datos, el postulamiento de hipótesis, la acumulación de posibilidades, aclara un posible construcción de los hechos. No para relatarlos, sino con un sentido de verosimilitudes y teoría del sentido. No tiene más herramientas que las que le da su propia época, su instauración en un momento histórico, por eso parte de su presente y a través de él va uniendo los cabos que le permiten acercarse al fin último de su vivir, encontrarle un sentido, un mutuo sentido entre hombres que han sido premiados con la instauración de sus nombres en la historia, como parte importante de la misma. Terminando con mi interpretación de Febvre en su definición de historia: ese mismo hombre que fue hace unos años el que dejó con su paso, con su labrar, seguir dando cabida a más historia en el tiempo, es ese mismo que ahora en el presente y con su búsqueda y análisis, permitirá a otros hombres que vendrán después, el que la historia siga su rumbo. Cada vez con más datos e interpretaciones puras. Grosso modo, el hombre conozca, no tanto sus orígenes, sino la fundamentación e implementación de los mismos en el tiempo, allí donde está registrado el hombre en sociedad. El hombre no conoce su historia si no es por el mismo hombre en relación con otros hombres.
BIBLIOGRAFÍA.
BLOCH, Marc. “la historia, los hombres y el tiempo”. Introducción a la historia. México: FCE, 1987, p. 21-41.
FEBVRE, Lucien. “vivir la historia palabras de iniciación”. Combates por la historia. Barcelona: editorial Ariel, 5ta, 1982. p. 37-58.

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